En una entrevista para América Noticias a Mario Vargas Llosa a mediados del 2009, Raúl Tola le preguntaba a éste:
-¿Qué pasaría en una segunda vuelta en la que se enfrentasen Humala y Keiko…? Varguitas interrumpió la pregunta con un rotundo e impositivo – ¡No va a ocurrir!, No va a ocurrir; yo me niego a creer que mis compatriotas van a ser tan insensatos de ponernos en a disyuntiva de elegir entre el sida y el cáncer terminal (…) yo creo que esa disyuntiva los peruanos que creemos en la libertad, en la democracia, no debemos aceptarla ni siquiera como una hipótesis de trabajo.
Nuevamente Varguitas se equivocó, como siempre lo suele hacer en temas relacionados con la política; hasta diría que Patricia habla por la gran mayoría de peruanos, cuando en sus momentos de enojo con su esposo le dice – ¡Mario, tu sólo sirves para escribir! (genialmente dicho sea de paso). Sin embargo, Mario Vargas Llosa, quien merecería con toda justicia el premio “novel” en política (pese a los años y las canas que peina), es un excelente reflejo de un buen porcentaje de los que votarán por, su ahora candidato y paladín de la democracia, Ollanta Humala. Atrás quedaron las diatribas que con tanta vehemencia escribía en El País (http://www.elpaisinternacional.com/index.html?idmenu=178) y La Nación (http://www.lanacion.com.ar/773706-asoma-en-la-region-un-nuevo-racismo-indios-contra-blancos) y otros más, incluidos en su colección de ensayos “sables y utopías”; también quedó atrás esa insegura declaración -Sin alegría, con muchos temores yo voy a votar por Humala. Ahora lo proclama abiertamente, y se nota tanto en el tono de voz como en sus gestos, que ha dejado de lado temores y penas por una apología casi tan vehemente como antes lo fueron sus ataques. ¿Cómo explicamos semejante cambio? Sólo se me ocurren dos razones, odio e ingenuidad mezcladas en proporciones desconocidas y que sería también la razón por la que votarán por Gana Perú un buen número de peruanos.
Conversando con amigos y conocidos que votarán tanto por uno u otro candidato, me he dado cuenta que los que votarán por Keiko sin ser fujimoristas, son aquellos que tienen miedo a Ollanta y sus 4 planes de gobierno, aquellos a quienes les inspira una profunda desconfianza y los que no quieren que el Perú; en palabras de Toledo: “de un salto al vacío”. No toman una participación activa, no organizan marchas ni atacan a quienes no piensan igual que ellos, son incluso discretos, se nota que votan sin convicción, se nota que votan en contra del otro candidato más que por un verdadero acto de fe en el programa y sobre todo en la persona de Keiko Fujimori. Del lado del nacionalismo la cosa es diametralmente opuesta, no es el miedo el que predomina en los votantes de Gana Perú que no son nacionalistas, es el odio; odio justificado a los malos empresarios que explotan a los trabajadores, que crean tarifas abusivas por los servicios que nos brindan, que cobran intereses leoninos por cada compra al crédito, que nos ofrecen malos servicios en general; odio justificado a las mineras que contaminan nuestro ambiente, que hacen arreglos extrajudiciales aprovechándose de la necesidad e ignorancia de la población, odio justificado por un estado ineficiente, corrupto, indolente ante las quejas de la población, que sólo se sirve de ésta en lugar de servirla a ella. Cada despido arbitrario, cada sueldo mínimo por 10 o más horas de trabajo, cada sueldo atrasado, cada cobro por servicios que no pedimos, por llamadas que no hicimos, cada persona intoxicada por mercurio, cada metro cuadrado contaminado por relaves mineros, cada arreglo extrajudicial (como el de que hizo la minera Yanacocha con la población de Choropampa contaminada con mercurio), cada reclamo ignorado, cada cobra ilegal y abusivo, cada coima desde los cinco soles para el “tombo” hasta los miles para congresistas o presidentes, cada uno de estos es un voto más para Gana Perú. Es evidente que tenga tantos electores y que esté peleando la meta cabeza con cabeza con una candidata cuyo partido tiene tan nefastos antecedentes de corrupción e ineficiencia. Pero, al igual que Vargas Llosa, también existe en estos votantes una enorme y peligrosa ingenuidad; piensan que Ollanta Humala realmente realizará el gran cambio o la gran transformación, asumen que un tipo con clarísimos antecedentes de dictador (y su intento de golpe de estado lo demuestra) va a destruir la corrupción, sacará a todos los corruptos y combatirá frontalmente este mal tan generalizado; yo creo que la corrupción simplemente pasará a manos de los nacionalistas; y todo este cambio se hará respetando la institucionalidad, la constitución, la democracia y la libertad de expresión, yo tengo mis dudas al respecto, no creo que la mayoría piense en ello, en realidad quieren pensar que eso ha pasado, que Ollanta tuvo una suerte de epifanía y cambió de mentalidad así como de polo, quieren autoconvencerse de que eso es posible, pero en el fondo lo que más desean es que castigue y se ensañe con todas las malas empresas del país, especialmente las corporaciones extranjeras, las mineras y las de telefonía, quieren verlas sufrir como hacen sufrir a sus usuarios; porque, como dice Nerón en Quo Vadis, “el pueblo no busca justicia, busca venganza”. Para el caso Keiko no veo mucha diferencia, sus votantes no son ajenos a la amenaza de corrupción, pero se centran más, no en la venganza, sino en la confianza de que ella no cambiará el modelo económico que nos ha hecho crecer en todos estos años y que nos ha sacado airosos de una crisis económica mundial.
Hay dos preguntas que haría a los votantes no fujimoristas y no humalistas, ¿Qué pasaría si su candidato sale elegido y empieza a hacer todo lo negativo que se habló de él durante la campaña? ¿Qué tan difícil crees que sería sacarlo del poder?
Con Keiko esto implicaría regresar a las prácticas oscuras del fujimorismo, compra de medios de comunicación, detenciones, calumnias y propaganda malintencionada a los opositores; pero, yo no dejo que pensar en algo; hace poco Keiko hizo un mea culpa por los crímenes y errores del gobierno de su padre a nombre del fujimorismo; ¿cuándo el pueblo peruano en general hará un mea culpa por avalar todo ello? Si, Fujimori es un monstruo, el asesino, el corrupto, el diablo, pero, ¿y nosotros qué? Acaso no fue el 93% de los peruanos quienes aprobaron el golpe del 5 de abril y hoy con la mayor de las hipocresías gritan “nunca más”; y que de los partidos políticos que terminaron por acomodarse a su conveniencia; peor aún ¿qué fue de los que vendieron su alma por un buen fajo de billetes? Ahora claman por la democracia y la libertad de expresión, pero en su momento no tuvieron reparos en aceptar el dinero que Montesinos les ofreció; hubiese sido más digno para ellos ser expropiados por la fuerza que ponerle precio a su honor. ¿Dónde está el mea culpa del pueblo por avalar y legitimar con su voto lo que ahora exagerada y apocalípticamente llaman: la peor dictadura de la historia? Me resulta vomitiva la forma en que ahora se rasgan las vestiduras, convencidos de que los pecados del fujimorismo los hacen santos a ellos. Regresando a Keiko, ella es consciente de que si llega a la presidencia tendrá una fuerte oposición, nada pasiva, por el contrario, bastante recalcitrante, con una capacidad de movilización que le dará más de un dolor de cabeza y que, se ser reiterativa en sus errores, podría sacarla del gobierno.
Del lado de Humala significaría la imposición de un gobierno chavista, con una acumulación dañina de poder, con la restricción de las libertades, con estatizaciones e impuestos elevados, recesión, nula inversión, crisis diplomática con Chile, control de los medios de comunicación y todas las especulaciones negativas que se tejen en torno a Humala. Pienso que Ollanta tiene muchas más ventajas comparativas con respecto a Keiko para quedarse en el poder, tiene un enemigo a quien culpar de todo y que eventualmente le servirá de pretexto para que sean aprobadas leyes o decretos que lo beneficien y le permitan acaparar más poder: “el sistema”; tiene un grupo de reservistas capaces de movilizarse para respaldar a su líder, tiene el apoyo de varios militares de su promoción, su facción ha demostrado ser bastante beligerante, belicosa y fanática; mientras que la oposición y el resto de partidos suele ser más bien parco. Sería más complicado sacarlo del poder o al menos influir desde el pueblo, con acciones cívicas, en las decisiones de un gobierno de esas características.
Si vas a votar por alguno de ellos, estarías dispuesto, mejor aún ¿estarías totalmente comprometido a marchar en contra de ese gobierno si las peores predicciones se hacen realidad? Piensa por un momento sin odios ni resentimientos, saca el miedo de tu mente, así, serenamente, sin odios ni temores, ¿Por quién votarías? Nuestro futuro está en juego, que los miedos y los odios no nos lleven a abismos de los que no podremos salir en mucho tiempo.

